lunes, 23 de noviembre de 2009

Desde o país do carnaval VI: De cuándo conocí ao Paulo

Carta a Juventud Tucumana del día 24 de Octubre del corriente año:

      No me es difícil reconocer que en los últimos tiempos no los he mantenido tan al tanto de mis experiencias cotidianas. No fue ni la vorágine académica, ni el olvido, fue vagancia nomás la que ocasionó mi alejamiento. Pídoles[1] las disculpas que vuestras mercedes se merecen.


      Lo que me impulsa de nuevo a continuar con las páginas del relato es haber tenido el honor inconmensurable de conocer a Paulo, persona engraçada[2] como nunca antes había encontrado en los caminos que el destino me va perfilando, algunas veces, con tenues trazos de pinceladas, otras, con la gubia y el cincel. El encuentro con Paulo no entra en ninguna de esas categorías, pues fue un tremendo, único e irrepetible martillazo. Iba caminando por la calle con Juliana, mi amiga de la pensión, cuando de repente en la próxima esquina después del posto de gasolina una mancha enorme (recuerden que soy miope) y viva, muy viva, empieza a contornearse, a sacudirse como loca. De a poco comienzo a dar forma a lo informe (mierda, ahora me doy cuenta de que Kant[3] era un genio), a intentar hacerla entrar dentro de un conocimiento posible, pero el espacio y el tiempo escapaban de ese espectáculo. Mas que era Aquilo? De repente, me doy cuenta de que son brazos los que se sacuden y Juliana grita con el mejor Si sostenido de Suely “AHHH, gente, é Paulo”, “Nossa!, aquilo é Paulo” Aquello ya tenía forma humana, un gordito (más que excedido de peso) alto, rubio con unas entradas que dejan ver una frente prominente, anteojos y cara de bebé recién nacido. Vino corriendo y ni bien supo que era argentina me preguntó de dónde, cuando le dije que de Tucumán casi muere de la emoción “a terra da nigrita, a terra da nigrita!!!” [4]Nunca antes había conocido a alguien tan fanático de Mercedes Sosa, dicho sea de paso, aquí sólo conocen a Maradona, a ella, a Borges (en los círculos intelectualoides) y al asado. Olvídense del resto. Pero eso será motivo de otra entrega sobre las concepciones brasileras de nosotros y las nuestras (falsas en su mayoría) sobre ellos.


      Desde ese entonces todo fue, con él, dicha y descorche de alegría. Me acuerdo del día que estando en la universidad robó (o tomó prestado momentáneamente sin permiso) una sábanas que eran parte de una supuesta “obra de arte” sobre la cotidianeidad, vale decir que, buen gusto aparte, había además de ropa de cama, ropa interior usada. Eso no era nada artístico, obviamente, pero Paulo lo convirtió en tal. Con la sábana de color ámbar (un horror) comenzó una serie de figuras de la más tierra-adentro danza de la zamba argentina. No me acuerdo cuál canción era, pero seguro que alguna vez la cantó la Nigrita. Me gustaría delinear la anécdota con el mayor rigor conceptual posible. Voy a darles un minuto para que la imaginación realice su cometido…. Un garoto robusto, enorme, en medio del área de convivencia de la universidad, con una sábana robada de una ya bizarrísima intervención artística bailando una zamba, cantando-GRITANDO en un español que es cualquier cosa menos español… en fin, ¡qué me vienen con “gracias Piero”!, agradezcamos a América Latina por semejantes oportunidades de crecer cultural y espiritualmente. ¿Pensaron que eso era todo? Nada a ver, crianças, todavía los martillazos de la memoria me ofrecen materia fértil para la reflexión, es que la noche estaba lluviosa y Paulo contaba con un verdaderamente ostensible paraguas que también podría denominarse sombrilla playera. Desgraciadamente era apenas negro, ya sé, yo también esperaba una fiesta de colores a lo canario suelístico. Me sentía desilusionada, estafada por mi primera impresión de él, pero ahí fue cuando la night star me demostró que no hay nada menos limitado que el Mundo Kitsch: sombrilla en mano fue contorneándose como si estuviera en una obra de Broadway o reviviendo a un Gene Kelly en el mítico musical Singing in the rain. Eso es arte señores, nada de bambalinas donde esconderse después de la perfomance, nada de maquillaje. El glamour no viaja en limosina sino en potes de brillantina con estrellitas de papel glasé dorado. Eso es arte. Paulo es arte. Cuando bailamos juntos a lo Ginger Rogers y Fred Astaire, nos sentimos derrochando actitud y gracia, y un poco de sobrepeso también.


      Continuará….


[1]Producto de la cruza entre un español en peligro de extinción y un sacha portugués mal aprendido.
[2] Dícese de una persona y/o cosa que ostenta gracia (graça), que es fuente de risotadas altisonantes.
[3] Individuo casto, supuestamente virgen hasta los 50 y pico que se obsesionaba con los botones de las levitas de los alumnos y que defendia – a grandes rasgos - que los sentidos reciben una materia amorfa, una multiplicidad de sensaciones, mas es la sensibilidad con sus formas del espacio y el tiempo, el entendimiento con sus categorías y la imaginación con sus esquemas los que logran sintetizar lo múltiple y constituir a lo informe en objeto de conocimiento, en fenómeno. Lo que sea en sí mismo nunca se puede conocer, apenas pensar.
[4] Eu sei, Paulo, você não fala assim mesmo, é uma leve exageração para deixar a história mais bonitinha!

3 comentarios:

Bornine dijo...

"El glamour no viaja en limousina", genial lo tuyo anita. Sobrepeso de carisma lo de ustedes.

Cucú dijo...

Obrigada! Sr. Bornine!!

pesani gustavina dijo...

me encanta esta che...
lo de los potes de brillantina me emocionó tremendamente