lunes, 25 de julio de 2011

Las manejables y las intocables

     Entre los muchos tipos de gentes existe el de las manejables. No sabría decir si  esos seres portan una esencia de "manejabilidad" o si nada más irradian una imagen demasiado sumisa dispuesta a ceder a cada orden. Tampoco sé  a qué tipo de manejos pensarán uds. que me estoy refiriendo, simplemente aludo a situaciones muy cotidianas de la vida cotidiana. En general a cuestiones que tienen que ver con la imagen(externa) del manejable en los demás.
     Las personas manejables son esas que desde pequeñas siempre-siempre tienen alrededor otras que les dicen cómo tienen que hablar, caminar o vestirse. Son personas que a pesar de haber llegado a la adultez -por lo menos cronológicamente hablando- siguen soportando estoicamente los embates del gusto ajeno sobre el propio. Las manejables nunca piden consejos de moda o de cómo deben conducirse por la vida, sin embargo, nunca faltan las que se creen intocables y desde una autoimpuesta posición superior les dicen: "esa remerita no te favorece, es de vieja", "tendrías que cortarte el pelo así y asá y después peinarte de esta forma" , "¿por qué tenés esa cara de enojada? ¡no tenés que tener esa cara!", "¡no podés seguir siendo así!, siempre con la misma mirada, parecés...", "¿sabés lo que te falta a vos? te faltan unos accesorios que te hagan juego y después la manicura, y una sonrisa y....", "¡tenés que cambiar!, no puede ser que 'esto' no te importe" etc, etc, etc... Para cada roto hay un descosido, pero para cada manejable hay cientos de intocables. En cada grupo humano por el que suele moverse la manejable encontrará por lo menos un par de intocables, no importa si cambia de profesión, estado civil, dirección o país. ¡Es que las personas intocables son la inmensa mayoría de la gente! Siempre queriendo dar consejos, siempre pretendiendo ser más y mejores, siempre apareciendo cuando no son llamadas, siempre hablando demás, siempre queriendo decidir por los demás hasta lo que los otros tienen que considerar importante o no. Sí, son la mayoría.
Las intocables se muerden las uñas por decir lo que piensan de los otros pero no pueden hacerlo hasta que se han dado cuenta, confianza de por medio, de que la otra persona puede ser potencialmente manejable. Mientras la manejable no se termina de manifestar como tal y sigue siendo un tanto desconocida, las intocables no asestan sus golpes. Basta un ápice de intimidad para que la bestia que estaba al acecho se abalance sobre su presa.
     Pero no falta el día en que la intocable siente lo que es ser manejable. No falta el día en que aparece el que caza al cazador y a la intocable le dicen "¡cómo vas a ir así a trabajar!" o "te maquillaste mal, tenés que hacerlo así". Y en el mejor de los casos, como venganza de las eternas presas, no faltará el momento en que le digan: "Me gusta todo de vos, pero vos no. No tenés que cambiar nada, pero no me gustas". ¡Oh, dichosa cicuta!...
     Cuando la persona intocable cree que puede andar por la vida cambiando a los otros y 'mejorándolos' a su antojo corre el riesgo de  terminar dándose cuenta de que ni siquiera es tan fácil cambiarse a sí misma y, en el peor de los casos, que aunque no le quede ya nada para mejorar  igual siempre habrá alguien a quien no gustará. Dos lecciones que las manejables aprenden desde que tienen uso de razón a fuerza de apechugarlas casi  todos los días de su vida.

    No sería de extrañar una revolución de las manejables. No estoy hablando de prácticas clandestinas de terroristas. Ni de fundamentalismos. Hablo de cosas sencillas y no tan sanguinarias que pueden comenzar a verse por ahí de vez en vez y de cuando en cuando, a saber: un tenedor en una frente, un delineador en un tímpano, unos aritos en las córneas o un simple pisotón en el dedito. Nada más y nada menos.