domingo, 24 de enero de 2010

FE DE ERRATAS (o la pensión intoxica)

Querido Público: la primera versión de la última entrada estaba con muchos errores. No garantizo que la de ahora no lo esté. Pero al menos creo que la mejoré un poco. Es que todavía estoy bajo los efectos de una especie de intoxicación que dejó de cama desde el Viernes a todos los habitantes de esta pensión. Hasta fuimos varios juntos al hospital a que nos pongan suero y ese tipo de cosas.
Así que escribo sumergida en una atmósfera especial, digamos que con un vaho de vómito y diarrea que, gracias a la buena fortuna, está intentando irse.


Abrazos!

¿Por qué me hago la girl scout si sé que no lo soy?

      ¡Buenas tardes! ¡Tantísimo tiempo! Estoy re-comenzando con estas notas salpicadas al azar sobre mis experiencias cotidianas en este país de locos. Estuve desaparecida por más de um mes por diferentes obligaciones y después por un viajecillo de fin de año que va a ser el tema que nos convoque a la reflexión esta tarde de Domingo.
     ¿Por qué la gente se esfuerza en aparentar algo que no es? y, peor aún, ¿por qué querer ser algo que sabe que nunca será?, ¿por qué querer convertirse en ese algo como por arte de magia de la noche a la matina? Todavía no puedo explicármelo. Todavía no entiendo porqué llegué a creer que dentro de este cuerpecito con más de seis meses sin ejercicio físico y a puro feijão, arroz, farofa con panceta y "x-tudo" podría llegar a caber, todavía, una girl scout montañista y adoradora de acampar en cuanta circunstancia difícil apareciera en el horizonte.
     No me lo explico pero aconteció. De repente era un 28 de Diciembre y estaba embarcandome hacia una aventura inolvidable. Había pasado la navidad en la casa de una amiga en una ciudad pequeña....muy pequeña y sumamente caliente (no se alegren, la calentura era sólo del termómetro....y del vapor de las calles). La gente cálida por demás, terminé adoptando una abuela, dando y recibiendo regalos kitsch (a conciencia), tomando cerveza con las tías dentro de la piscina..... cosas normales en Brasil. El 26 regresé a la madriguera suelística y el 27 ya estaba viajando pa' São Paulo, garroneando estadía en la casa de una amiga de una amiga que era la que me había recomendado hacer un viaje de "ensueño" en Año Nuevo. Muy de ensueño pero ella no iba. Eso me tendría que haber abierto los ojos. Pero yo no, seguí igual, encantada cual pobre con zapatillas autografiadas por Duhalde, y el 28 me embarqué hacia mi próximo destino. 28 de Diciembre... día de los Santos Inocentes.....(por no decir bolús, en mi caso).
      Fui con unas personas que no conocía, en el trayecto me fui encontrando con otras que tampoco conocía. Promedio de edad: 55 años. Amigos del padre de una amiga. "Gente legal" eso no puedo negar. Llegamos a Parati, 4 de la mañana. Terminal. Frescor. Me doy cuenta de que tengo carpa pero no bolsa de dormir, ni colchoneta, ni aislante. El "empiece" no era bueno. Esperando, esperando, esperando. Pasamos tres horas esperando el colectivo circular hasta el lugar de donde salía la lancha que nos llevaría a nuestro destino. Ahora me arrepiento de haber esperado esas tres horas, hubiera pegado la media vuelta "ahicito nomás". Pero yo, no...."si el lugar es hermoso, ya vas a ver, vale la pena la espera y las complicaciones para llegar" Aparece el dichoso colectivo. "El Ranchilleño" [*] con un molinete en la puerta para que ninguno se "cuele" sin pagar. "Se subimo´" y comienza el baile. Literalmente. Pero no era la gente la que bailaba. No. Eran nuestros ríñones, los bolsos, mochilas, carpas, cochecitos de bebés (con o sin bebés dentro) por los saltos que daba el ómnibus. El camino era de tierra y estaba todo enlodado. Tenía unos cráteres gigantes, mezclados con la mata atlántica. El ómnibus caia dentro de esos agujeros y salía a duras penas con las ruedas - las más de las veces -  girando a lo loco y el barro desparramándose para todos los puntos cardinales. Algunas personas, aparentemente, vivían en medio de ese pantano porque se bajaban del ómnibus muy contentos, como si eso fuese lo más normal del mundo.
     En fin, después de más de 40 minutos de sacudidas y recordaciones de Bolivia, llegamos al "puerto" de dónde saldría nuestra lancha. Obviamente la lancha no estaba. Nadie sabía dónde hallar al tal Luíz que iba a llevarnos hasta la playa desierta donde los muy amarretes íbamos a acampar. Varias personas atendian el teléfono de un bar y se hacían pasar por el señor Luíz. El señor Luíz daba el número del bar porque no tenía propio. Así que nunca supimos si el que nos llevó y trajo era realmente el señor Luíz u otro. Pero eso no importa. Lo importante es que alguien con una lancha apareció y respondió al nombre Luíz.
      Hasta ahí, todo marchaba más o menos bien, descontando la travesía en colectivo y las ya varias picaduras de mosquitos y afines que mis tobillitos tan finos iban sufriendo. Después de unos 45 minutos andando en la lancha llegamos al lugar -supuestamente- paradisíaco. La cosa no estaba muy bien no. La arena de la costa estaba llena de mangue (tipo de vegetación) que había sido arrastrado por algún riachuelo cercano que bajaba de los morros. Puro morro. Poca arena. Nublado. Playa corta. Bueno, una girlscout no se siente amedrentada por nada, al final de cuentas estoy en Rio de Janeiro! UHU!!! a armar la carpa se ha dicho. Humedad de los infiernos. En el único lugar disponible para poner la carpa hay una nube de abejas mezclada con mosquitos de tamaño baño. No queda otra opción. O eso o dormir en el manguezal.
       Los dos primeros días fueron más o menos tranquilos. Algo de sol y bastantes nubes. Para meterse al mar había que andar unos cuántos... kilómetros, porque el agua no estaba muy limpia en la zona del camping que, aprovecho para contar, no tenía luz ni agua caliente. Para llegar a los baños había que atravesar un micro-puente (sumamente angosto) que pasaba por encima de um mini riacho que con las tormentas dejó de ser tan mini y tan riacho. Pero no nos adelantemos. Sigamos pues. Primer día: todo el mundo se dispone ir a la Cachoeira (cascada), vamos pues. Horas, y horas de caminata por medio de la mata. Siesta, calor, mosquitos. Caídas: 2, casi-caídas: 20, picaduras de bichos:120. Al fin llegamos a la dichosa cachoeira, linda, mas no la gran cosa.
        Segundo día: vamos a ver qué hay del otro lado!!! vamos, vamos, vamos. Cruzamos de lancha, caro. Unos 30 reales por un viaje de 5 minutos. Por lo menos éramos 8 y pudimos dividir. Caminamos y caminamos y caminamos. Trilhas, barro, culo con mucho barro, gente que se tropezaba, gente que se resfalaba (como decía mi abuela) por suerte el mar acá estaba un poco más mejor y menos pior. Valió la pena, pude usar un baño de una hostería decente, donde personas no tan amarretas habían alquilado unas cabañas. Pero no era nuestro caso, nosotros éramos miserables. Y como miserables viajábamos. El cielo comienza a ponerse un poco más gris de lo que ya estaba. Volvemos en una micro-lancha. 9 personas. Miedo total. Llegamos al frente, de nuevo a nuestra porqueriza. Lluvia. Lluvia y MÁS LLUVIA. Torrencial. Nunca ví caer TANTA agua en mi vida. Cachoeira.....un poroto. Días enteritos de lluvia.
      Una tarde alguien me despierta de mi siesta dentro de la carpa sobre el edredón alquilado a doña María (la sra. gorda, evangelista y medio zonza dueña del camping) diciéndome que teníamos que correr las carpas porque iban a "alagar" el lugar. O sea, volver el camping un lago. Inundar. en un par de minutos y bajo la lluvia torrencial tuvimos que sacar nuestras cosas y mover todo debajo de los techos del bar de la María. En 10 minutos estaba todo hecho un sólo lago. Cada vez teníamos menos espacio para estar. Algunas personas volvieron para Paraty el 31 a la mañana. Yo no, todavía tenía esperanza de que Febo estirará sus rayos hasta ese lugar minúsculo y desierto del litoral de Río.Me equivoqué.
      Pasé la noche de Año nuevo bajo una tormenta total, acompañada de unos cuantos viejos locos cantando canciones de campamento comiendo maníes y tomando una sidra fermentada. A las 1.30 ya estaba todo el mundo durmiendo en sus carpas. Esa noche tuve la pesadilla horrible de que todo venía encima de nosotros. Que los techos caíam, las paredes, todo. Me sacudí y grité tanto dentro de la carpa que no solamente desperté a todo el mundo, sino que también las estacas salieron de su lugar. Todo el mundo quedó asustado y al mismo tiempo con la convicción de que estaban pasando sus días junto con una loca de atar. Uno de ellos salió con un remo de adentro de su carpa pensando que estábamos yendo a parar al mar. Por suerte, nada de eso pasó. Lo mío había sido una simple pesadilla que, lamentablemente, se hizo realidad para algunas otras personas que estaban en otras playas de Río de Janeiro. A las 5 de la mañana tuve que ponerme a armar la carpa de nuevo. Demás está decir que había más arena dentro de la carpa que fuera de ella y que mi ropa hedía a estropajo húmedo desde hacía, por lo menos, 48 horas.
      Recién a la tarde del día siguiente dejó de llover. Pero no salió el Sol. Estaba nublado. Caminamos por una trilha llena de barro de ojotas ( vale aclarar: la trilha no era de "barro de ojotas", caminamos por una "cortada" -o trilha- llena de barro, de ojotas). Obviamente, las mías se rompieron. Así que en mi caso la aventura fue el doble. Al ver que la situación era compleja por demás, decidí volver a nado (con el famoso y popular estilo perrito) desde la playa donde llegamos junto con otras dos personas. El mar no era mar. Era una "cosa", una masa de palos, piedras, hojas, árboles, etc. Al punto de que las otras personas me decían "¡no abrás la boca porque vaya a saber qué vas a tragar!".
      Por suerte, gracias a Dios y todos los dioses del Olimpo al día siguiente emprendimos el regreso. Día de Sol. Sí, esa suerte tengo. Nunca ví pasar tantos barcos, motos de agua, lanchas, cruzeros, veleros, y todo lo flotable en mi vida. Por unos pocos metros nos salvamos de chocar contra un velero enorme. Llegamos a Paraty. Me despedí de la gente con la que había compartido tantos días de aislamiento y lluvia, o sea, días de castigo por todas nuestras malas acciones del año que acababa. Después le sigueron unos días en Paraty compartiendo cuarto con varios y diversos europeos y yanquis hediondos (más que yo) y la vuelta a São Paulo cargando una mochila enorme  y una carpa húmedas entrando a todo cuanto lugar abarrotado de gente existiera. Pero eso será motivo de otra entrega.


Hasta la vista!



[*] Ranchilleño: tradicional "coletivo" (es una exigencia del tucumano no pronunciar la "c" entre la e y la t) tucumano que une la capital con la ciudad de Ranchillos, que es epicentro del carnaval de los querí sabí (ambiente cacerola).
El concepto querí sabí es perteneciente a Samuel Schkolnik, fue extraido de su libro Salven nuestras almas; por su parte, "ambiente cacerola" era un término casi técnico muy caro a mi abuela Martina.