sábado, 12 de diciembre de 2009

Desde o país do carnaval VII: Sábados (y feriados) para todos: I

Cinco gordos y un Fiat Uno


Como diría un tucumano de pura cepa, "se situemo´": todo aconteció un sábado a la tarde de hace un par de meses. Yo había salido de mi primera clase de Mandarín sin entender nada. Nada de nada. Mi profesora era una taiwanesa que hablaba un portugués al manchanchi, que había vivido tres años en Buenos Aires pero no sabía nada de español (está totalmente justificada, el mandarín no es otra lengua, es otro mundo).  Al mediodía salí eyectada del aula junto con una de mis colegas de aquí... Una gorda +  otra gorda = dos gordas. 
Fuimos al centro de la big city a ver qué ofrecía a nuestras almas en pena y cuerpecitos necesitados de alimento. Enseguida recibí un mensaje de una tercera, invitándonos a ir al restaurante de Raúl - el taiwanés vegetariano con más fama y charm de tooooda Marília - así que, antes que el rugir de las tripas se hiciera presente, ya estabámos avanlanzándonos sobre el buffet del pobre señor que nos seguía con ojos de pánico.
Tudo bem, tudo sossegado. Se salvaron sólo los platos (hasta hoy no logro comer cerámica, no me cae bien, ¡qué se le va a hacé´!)  y el señor  Raúl (el canibalismo me resulta poco fino).  Salimos del restó y fuimos derechito a comprar un pijama para mí. Terminé aceptando a regañadientes un animalprint de leopardo cruzado con cebra en una de esas tiendas que venden desde escupideras y bañaderas de plástico para bebés hasta magic clicks pasando por corpiños de abuela y adornos de navidad que alguien archiva desde el 87'. Lo que se dice "ramos generales". Cosas en el suelo, en las paredes.... gente, gente en las cosas y cosas en la gente. Lo que se dice un reverendo quilombo. Quilombo total y absoluto.  Mal gusto. Kitschisísisísimo. O sea, lo que se conoce como Brasil. Brasil en todas partes. La tienda rebalsaba Brasil. Yo, arrrrrrgentina, fina por natureza, devorada por Brasil, dentro de esa marea brasilense de gritos, ropas y pelelas.
Pijama en mano, salimos esquivando toodo lo que nos cruzaba el paso para poder ver de nuevo el sol de la tarde. Luego de las compras necesarias (y no tanto) para la subsistencia, entramos en una casa de sucos. Ahí, en un rinconcito prácticamente escondido, hecho un ovillo de saudade estaba el único e irrepetible, imborrable e inolvidable... Paulo. ¿Van sumando? una+una+una+uno=cuatro gordos.
O Paulo nos acompañó hasta una tienda que, aunque su nombre No lo diga (se llama Riachuelo), era un poco más chic que la anterior. Todavía andábamos de a pie caminando. Nada de sufrimientos para el Uno. Pero a cada chancho le llega su San Martín (nunca entendí la lógica de ese refrán) y el Uno no era la excepción. La dueña del autito compró um edredón de dos plazas y un poco. Lo dispuso en el auto junto con una valija de algún viaje reciente no-desarmada y nos subió a todos los gordos también. Próximo destino: el supermercado.
En la puerta del supermercado encontramos a otra menina.... "vamo´cai pa´dentro"... "não, acabei de sair do mercado, já fiz as compras"... "vamos com nós, entra de novo"... não, não, não... sim, sim, sim. SIM. Otra más... Dentro del súper una muchedumbre. Nunca ví tantas personas juntas en un súper. Debe ser porque es "el" atractivo de los sábados a la tade. Todo prosiguió como lo previsto: compras y vergüenzas varias. Carrera, choques y vueltas olímpicas con carritos, beber café gratis hasta casi acabar la cafetera, impaciencia para esperar, lo de siempre.
Como a las 7 de la tarde logramos salir de la amansadora. Próximo paso: subir al auto. Fiat Uno, coupé. Cinco gordos (yo era la más delgada, una sílfide realmente), cuatro de ellos con bolsas -varias- del súper + un edredón de dos plazas y media + una valija repleta + un pijama de cebra. Too much.
Too much? NOOO!!. Logro encajarme en medio de tanta cosa. Quedo con un brazo torcido, la cabeza hacia delante porque tenía el edredón en la nuca, un codo de alguien en mi boca y la nalga de otra persona golpeando con mis rodillas. Sobre mis pies algunas latas de leche condensada, arvejas, milho y esas cosas que comen los brasileros en cantidades siderales. Justo en ese momento una musiquita comienza a sonar. Músiquita muy conocida.  "De onde vem essa música?"... es de un celular. Sí, adivinan, era del mío. En alguna parte de mí estaba, o en una humanidad ajena. Luego de contorsionarme un poco más y de amasar un par de nalgas -ajenas o propias ya nadie sabe- atiendo con un dedo. "¡Hola Papá!".


sábado, 5 de diciembre de 2009

Hagamos justicia




Marília tiene un bosque y atardeceres que se ofrecen por entero a la cámara
¿Vieron los monitos en las dos primeras fotos?



viernes, 27 de noviembre de 2009

Somente em Marília, cap I: Las calles

       Solamente en Marília calles paralelas a la misma altura.... no tienen la misma altura. O sea, la numeración no tiene nada que ver una con otra. No estoy hablando de una diferencia "menor" como la de las calles de Yerba Buena en Tucumán, cuyas numeraciones difieren algunas veces en una o dos centenas, ¡NO! En Marília puede llegar a superar los mil números de diferencia o más, nunca se sabe. Parece que la numeración tiene vida propia, quizás de noche, cuando nadie los ve, los números juegan entre sí y se intercambian.... ¡números swingers! Les parecerá una exageración, pero el grado de perversión de los números es tremenda, los muy degenerados no sólo se intercambian con los de otras cuadras, no-no-no, también lo hacen con los de la vereda del frente. Si Ud. es poseedor de un inmueble con el número 21 no sería nada extraño que la propiedad del vecino del frente ostente el 950. Es así, confie en mí. Venga a Marília, donde todavía mi impotente entendimiento no comprende cómo corno hace el cartero para dar con la casa correcta. ¿O será que las cartas también son intercambiadas? Lo peor de todo es que sólo hay un manojo de apellidos: Da Silva, de Moraes (con la variante Morais), Barbosa, Teixeira, Gonçalves, Bonfim y alguno que otro italiano y japonés dando vueltas. ¿¡Cuántos enredos, divorcios, suicidios, asesinatos, abandonos de hogar, en fin, arrebatos de locura serán motivados por las confusiones -justificadas-  del Sr. Cartero!?
      La actitud de los marilienses es igual o peor de desconcertante que la numeración. No hace mucho una amiga me contó que, cuando recién llegó a la ciudad, le preguntó a una señora que estaba en la puerta de su casa cuál era una determinada calle. La mujer, que ya peinaba más aire que pelo, la miró con ojos de huevo duro y respondió que nunca en su vida había sentido nombrar a esa rua. La nueva moradora siguió su camino sin dirección alguna, dobló en la próxima esquina y hete aquí que la calle que ella procuraba era exactamente la que quedaba atrás de la casa del vejestorio aquel. Situaciones como ésa son parte de la mística de la vida cotidiana aquí.
      
   También continuará....
     

lunes, 23 de noviembre de 2009

Desde o país do carnaval VI: De cuándo conocí ao Paulo

Carta a Juventud Tucumana del día 24 de Octubre del corriente año:

      No me es difícil reconocer que en los últimos tiempos no los he mantenido tan al tanto de mis experiencias cotidianas. No fue ni la vorágine académica, ni el olvido, fue vagancia nomás la que ocasionó mi alejamiento. Pídoles[1] las disculpas que vuestras mercedes se merecen.


      Lo que me impulsa de nuevo a continuar con las páginas del relato es haber tenido el honor inconmensurable de conocer a Paulo, persona engraçada[2] como nunca antes había encontrado en los caminos que el destino me va perfilando, algunas veces, con tenues trazos de pinceladas, otras, con la gubia y el cincel. El encuentro con Paulo no entra en ninguna de esas categorías, pues fue un tremendo, único e irrepetible martillazo. Iba caminando por la calle con Juliana, mi amiga de la pensión, cuando de repente en la próxima esquina después del posto de gasolina una mancha enorme (recuerden que soy miope) y viva, muy viva, empieza a contornearse, a sacudirse como loca. De a poco comienzo a dar forma a lo informe (mierda, ahora me doy cuenta de que Kant[3] era un genio), a intentar hacerla entrar dentro de un conocimiento posible, pero el espacio y el tiempo escapaban de ese espectáculo. Mas que era Aquilo? De repente, me doy cuenta de que son brazos los que se sacuden y Juliana grita con el mejor Si sostenido de Suely “AHHH, gente, é Paulo”, “Nossa!, aquilo é Paulo” Aquello ya tenía forma humana, un gordito (más que excedido de peso) alto, rubio con unas entradas que dejan ver una frente prominente, anteojos y cara de bebé recién nacido. Vino corriendo y ni bien supo que era argentina me preguntó de dónde, cuando le dije que de Tucumán casi muere de la emoción “a terra da nigrita, a terra da nigrita!!!” [4]Nunca antes había conocido a alguien tan fanático de Mercedes Sosa, dicho sea de paso, aquí sólo conocen a Maradona, a ella, a Borges (en los círculos intelectualoides) y al asado. Olvídense del resto. Pero eso será motivo de otra entrega sobre las concepciones brasileras de nosotros y las nuestras (falsas en su mayoría) sobre ellos.


      Desde ese entonces todo fue, con él, dicha y descorche de alegría. Me acuerdo del día que estando en la universidad robó (o tomó prestado momentáneamente sin permiso) una sábanas que eran parte de una supuesta “obra de arte” sobre la cotidianeidad, vale decir que, buen gusto aparte, había además de ropa de cama, ropa interior usada. Eso no era nada artístico, obviamente, pero Paulo lo convirtió en tal. Con la sábana de color ámbar (un horror) comenzó una serie de figuras de la más tierra-adentro danza de la zamba argentina. No me acuerdo cuál canción era, pero seguro que alguna vez la cantó la Nigrita. Me gustaría delinear la anécdota con el mayor rigor conceptual posible. Voy a darles un minuto para que la imaginación realice su cometido…. Un garoto robusto, enorme, en medio del área de convivencia de la universidad, con una sábana robada de una ya bizarrísima intervención artística bailando una zamba, cantando-GRITANDO en un español que es cualquier cosa menos español… en fin, ¡qué me vienen con “gracias Piero”!, agradezcamos a América Latina por semejantes oportunidades de crecer cultural y espiritualmente. ¿Pensaron que eso era todo? Nada a ver, crianças, todavía los martillazos de la memoria me ofrecen materia fértil para la reflexión, es que la noche estaba lluviosa y Paulo contaba con un verdaderamente ostensible paraguas que también podría denominarse sombrilla playera. Desgraciadamente era apenas negro, ya sé, yo también esperaba una fiesta de colores a lo canario suelístico. Me sentía desilusionada, estafada por mi primera impresión de él, pero ahí fue cuando la night star me demostró que no hay nada menos limitado que el Mundo Kitsch: sombrilla en mano fue contorneándose como si estuviera en una obra de Broadway o reviviendo a un Gene Kelly en el mítico musical Singing in the rain. Eso es arte señores, nada de bambalinas donde esconderse después de la perfomance, nada de maquillaje. El glamour no viaja en limosina sino en potes de brillantina con estrellitas de papel glasé dorado. Eso es arte. Paulo es arte. Cuando bailamos juntos a lo Ginger Rogers y Fred Astaire, nos sentimos derrochando actitud y gracia, y un poco de sobrepeso también.


      Continuará….


[1]Producto de la cruza entre un español en peligro de extinción y un sacha portugués mal aprendido.
[2] Dícese de una persona y/o cosa que ostenta gracia (graça), que es fuente de risotadas altisonantes.
[3] Individuo casto, supuestamente virgen hasta los 50 y pico que se obsesionaba con los botones de las levitas de los alumnos y que defendia – a grandes rasgos - que los sentidos reciben una materia amorfa, una multiplicidad de sensaciones, mas es la sensibilidad con sus formas del espacio y el tiempo, el entendimiento con sus categorías y la imaginación con sus esquemas los que logran sintetizar lo múltiple y constituir a lo informe en objeto de conocimiento, en fenómeno. Lo que sea en sí mismo nunca se puede conocer, apenas pensar.
[4] Eu sei, Paulo, você não fala assim mesmo, é uma leve exageração para deixar a história mais bonitinha!

jueves, 19 de noviembre de 2009

Blog: Modo de Uso (o de la necesidad de afecto)

Estaba a punto de dejar de escribir. Creía que nadie leía esto y si nadie lee, ¿qué sentido tiene la escritura? Me parecían totalmente absurdas ciertas frases mías que se referían a una supuesta "expectación de mis cyberlectores". Pensaba que cualquier persona (no perteneciente al micro círculo tucumano que recibió alguna de mis cartas digitales) que me leyera iba a pensar "¿esta bol... de qué catso está hablando? si ni la madre la lee, ¡los útlimos dos comentarios son de ella misma!"

Confieso que estaba a punto de cerrar todo. Es más, lo sigo pensando seriamente. O no tan seriamente. En fin, lo que quería colocar aquí era lo siguiente: he recibido alguno que otro mail, entre ellos de mi propia madre (vos, sí a vos te digo, a vos que pensás que ni mi madre me lee... tomá mate!) diciéndome que no podían publicar comentarios o que se les pedía clave, cuentas, etc... Pues bien, NO es necesario tener ninguna cuenta ni clave para comentar, simplemente pueden elegir entre las opciones que aparecen debajo de la caja de comentarios la que dice: "nombre/url" y escribir sólo el nombre (sin url), o "anónimo" y firmar abajo con el nombre o dejar en anónimo en caso de que quieran insultarme por algún que otro motivo al pasar. No me ofendo.

En fin, a muchos les habrá parecido un poco patética esta entrada, pensarán que estoy pidiendo que me comenten, (como si los maltrechos trazos que escribo fuesen merecedores de sus esfuerzos). ¡No!, esto no es una súplica de comentarios. Es simplemente un consejillo para aquellas personas que tenían voluntad de participar pero al mismo tiempo problemas técnicos.

 ¡Espero haber sido de utilidad!

Ahora sí, si no me comentan cierro todo..., esto no es una súplica, no, no y no!!


Obs: pueden dejar sólo nombre de pila, y/o apodo, y/o pseudónimo y yo voy a saber quién es, o no, y eso va a ser aún más interesante.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Desde o país do carnaval, carta V: el Candidato

Misiva enviada a mis lectores tucumanos el 26 de Septiembre, después de más de un mes de ausencia:


      Mi conciencia está al tanto de la dimensión de la expectativa generada por mi ausencia. Ciertas decepciones con mi musa inspiradora, algunos menesteres personales y un viaje a tierras nordestinas fueron los causantes de tamaña desolación en ustedes, mis queridos cyberlectores. Sobre mi testa no pende la espada de Damocles, sino la de sus exigencias de continuar con la saga y, por sobre todas las cosas, de extenderme – ¿o comenzar? - con la semblanza del "candidato". Pues bien, la espera terminó señores, finalmente mi osamenta se ha de adecuar a la poltrona.


      El candidato, creatura extraña si hay, producto del aire enrarecido de algún planeta lejano…muy lejano a la Tierra, es un ser que porta la cadencia del Dalai Lama sin ser Budista. Cada uno de sus movimientos son meticulosamente articulados, como si los estuviera midiendo con un adminículo imaginario. Habla poco, muy poco. Ese no sería un inconveniente, dado que se acostumbra a decir que los sabios prefieren el silencio a llenar el aire de boberías. Recuerdo con cierta nitidez la vez que un profesor me contó en una clase la historia de un monje tibetano novato que le pregunta a su maestro tres veces cuál era el sentido de la vida, a lo que el maestro todas las veces calla. Después del último silencio el discípulo con cierto desasosiego inquiere: “¿por qué no me ha respondido?” a lo que el sabio mayor contesta: “te he respondido tres veces”… Mas...¡No! Ése no es el caso del menino en cuestión, las pocas palabras que masculla son fruslerías, y para empeorar las cosas, lo hace al modo de Robocop. No termino de entender si el cristiano este se vió todas las películas de Arnold Schwarzenegger hasta estragar la cinta de los VHS, o si sufrió una intoxicación con Karate Kid o ambas "las dos" cosas. Lo cierto es que es un aparato sin tener cuerpo de tal, muy por el contrario, si mi percepción no me engaña, mi talla (y mi circunferencia) le ganan a las de él por varios y diversos centímetros.

      Resumiendo, El Candidato, es la aliación perfecta entre el Ser y el No Ser, pues tiene modos de adicto al gimnasio, mas cuerpo de pajarito en la penca, de Señor Miyagi pero que ha perdido en el percurso de la andada por la vida toda la sabiduría acumulada por los pueblos orientales. En él lo que falta se evidencia más por causa de las apariencias. Es una orgía de carencias.

      Sin embargo, Suely piensa que el andar silencioso y calculado sumado a la mudez extrema, hacen de él una persona "de clase", educada y caballerosa como ya no vienen. Dios me libre y me guarde.

      Lamentablemente tengo que dejarlos por causa de ciertos compromisos sociales. Prometo que volveré con más y nuevos bosquejos de los seres de mi alrededor.

      Lo prometido es deuda.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Desde o país do carnaval III y IV: Suely recargada

Carta a mis discípulos del 23 de Agosto:


El impensado éxito de la primera entrega no me deja otra opción que continuar con las semblanzas de los especímenes que aquí me rodean. Pero antes, me gustaría ampliar al menos un ápice, la "cuestión Suely". Quedaron en el tintero (más apropiado al caso sería en los bits no utlizados), algunos de los siniestros y afecciones de su prole. Faltó destacar la vez que su hijo mayor se tiró un portón de hierro encima y terminó con una fractura de cráneo, también la ocasión que ese mismo "poverello" enfermó y curó de cáncer de intestino, la oportunidad en dónde casi queda ciego por causa de un huevo de Tenia que se le instaló cerca del nervio óptico, "¡y eso que nunca en su vida había comido carne de porco!", y se me había olvidado lo más importante: la vez que el mismo infortunado "quase fica" eunuco por un derrame testicular (¡cuántos derrames en esta casta!)


¿Mencioné a los padres de Suely? No hay que pasarlos por alto, ni la dinastía de los Labdácidas (Edipo y cía.) arrastró tantas desgracias como esta familia del subdesarrollo latinoamericano. Es así como, la Reina Madre, cuyo nombre no me acuerdo, también sufrió de...¿adivinan? ¡sí!, DERRAME,  pero por suerte sólo cerebral, no de concha. En fin, un poco de vulgaridad nunca viene mal. Gracias a su hija que cuidó de ella con devoción, pudo en unos cuántos meses volver a caminar, pero el sino trágico volvería a llamar a la puerta: al tercer paso la señora se tropezó y.... sí, ya se lo imaginaran, se fracturó el cráneo, pero sobrevivió, medio tonta, pero sobrevivió. Después se murió "de sólo estar" nomás. El marido falleció a los pocos días, sumido en la más honda tristeza. Hasta antes del derrame, todavía paseaban en un auto descapotable, él de sombrero y ambo de lino blanco, ella de pañuelo y anteojos oscuros, cual Isadora Duncan pero sin tan desgraciada suerte. Hubiera sido bueno conocerlos, permitiría entender un poco más cómo devino de ellos ese engendro tan peculiar que hoy nos convoca a la reflexión. Suely dice siempre que heredó de sus padres dos cosas: todas las enfermedades y desgracias, y la capacidad de sentirse enamorada de la misma persona después de más de 30 años. El amor por su Jurandir (sí, así se llama la pobre creatura que hace las veces de esposo) es inextinguible, todavía siente el "meteoro da paixão" como si tuvieran 15 años, hasta el punto en que los mozos de los restaurantes piensan que es la amante y no la esposa. Ya me la imagino, pintarrajeada y acicalada cual canario chuschado, besuqueando sin respiro al noble Jurandir, que también tiene, según entiendo, cierta afición por las aves, ya que la tintura de su cabellera se aproxima demasiado a las tonalidades de una cabeza de cardenal.


Bueno, querida audiencia, éso es todo por hoy. Espero haber estado a la altura de lo esperado, lamento que tal vez no haya tenido el vuelo literario de la inspiración primera que otrora me llevara a asaltar con voracidad el teclado.






¡Prometo más!


Nos vemos


Obs. del 12 de Noviembre: hace pocos días tuve la oportunidad de adentrarme más aún en la intimidad de la flia. suelística y terminé sabiendo que el "meteoro da paixão" era más fake que otra cosa, es que, nuestra musa toma, junto con otras 21 pastillas, una específica para la tesão, o sea,  para la calentura.






Carta a mis discípulos del 6 de Septiembre:


Justo cuando comenzaba a desilusionarme creyendo que ya estaba todo dicho, que no podía añadir una nueva palabra, verso o sentencia a mi relato, volví a beber de los dulces néctares de la locura "suelística". Elixir de la mundanidad y chabacaneria; ambrosía del Olimpo en donde los dioses Cacho Castaña y Pocho la Pantera ejercen su dominio; panacea de la que bebió, en caliz de plástico multicolor, mi Tía Loquita.


Hoy les ofrezco, aunque peque de soberbia al hacerlo, lo que podría darse a llamar "categorías fundamentales de la cosmovisión de Suely", en otras palabras, cómo este ser, que no deja de excitar mi perplejidad, clasifica, rotula y ordena el mundo. Su mundo, por supuesto.


Suely siempre dice que el racismo no es una característica que le pertenezca. Ella "no tiene nada contra" los orientales, pero en cuanto los japoneses con quienes tengo la dicha de morar están lo suficientemente apartados como para no escuchar sus exclamaciones, ella grita: "pero NO me gustan, para nada". Peor aún es la contradicción a la que arriba si de negros se trata. Con los negros tampoco "tiene nada", a menos que ese "tener" signifique ser-patrona-de. Ahora bien, hete aquí que el verbo posesivo un desdichado día, pasó a tener otras implicancias, es que, su hijo menor, su amorzinho, seu caçula, le apareció con una garota, de dientes demasiado blancos o, lo que es lo mismo, de piel demasiado negra. Sí, Suely se había convertido en suegra de una morenaza, ahora sí "tenía algo con" los negros: un vínculo familiar con una ejemplar de "ellos". Lo triste de la historia es cómo ella había apodado a la nueva adquisición. La menina era "del color del microondas", entonces en vez de poseer un nombre como todo el mundo, pasó a ser "menina color de microondas" y finalmente "menina microondas". Nuestra heroína, como buena madre, soportó estoica el embate propiciado por su hijo, y a pesar de casi no poder aguantar tanto atropello a la moral y buenas costumbres, engullió sus lamentos y oprobios hasta que su vástago recuperó la cordura y abandonó a la muchacha color onyx (o de BGH en este caso).


Ése fue sólo un ejemplo de la capacidad de clasificar el mundo a la usanza de Suely, en esta entrega no puedo extenderme más sobre este asunto, simplemente es mi voluntad dejar esbozado lo que será parte de la próxima: sus clasificaciones aplicadas a mi vida amorosa. Siendo más específica, la próxima trataré sobre el menino que ella considera "ideal" para que yo "tenga algo con".


Para terminar por esta vez, no me gustaría dejar en el olvido los nombres de sus cachorros histéricos: Melão y Pingo. No se diga nada más.


Será hasta más ver!






P.D: Para los que no saben mi tía Loquita, era la Reina del Kitsch en mi familia.


P.d 2: Para meus torcedores brasileiros: Pingo em Tucumán é sinônimo de pau no seu sentido mais vulgar.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Principio de identidad

He sido, en el transcurso de los últimos meses, portuguesa, yanqui, argentina, la semana pasada italiana, en Bahía era mineira ( de Minas Gerais)  y para la policía federal soy lisa y llanamente extranjera. Mas, algunos han superado todas las definiciones pues, ante mí, se han comportado como si fuese extra-terrestre: ¿de qué cosas hablará?, ¿comerá lo mismo que nosotros?, ¿vestirá las mismas ropas?, de tucu... ¿qué?
Soy un "no soy", no soy de aquí, no soy en el mismo sentido que ellos son. Es de esperar, estoy en una ciudad-pueblo, en donde tiene que morir un obispo para que un extranjero aparezca en una farmacia, en el colectivo o en el supermercado.

Estuve, según mi auto-observación, un poco excedida de peso y  fui un tanto desprolija, pero según los parámetros ajenos he llegado a ser delgada, sexy y hasta gostosa (inclusive he recibido el apodo de Rita Hayworth, lo que explica el porqué de la foto de perfil). Sujeto y objeto de aversión y de deseo, de pudor y curiosidad casi digna de antropólogos. Fui miedosa y bravía. Salvaje, indómita y macia al mismo tiempo. Tímida en exceso, extrovertida por demás. En mí, lo uno hecho múltiple y lo múltiple vuelto uno.

Tu bi or not tu bi, to be or not to be... ¿quién dijo que el problema de la identidad personal era sólo un asunto de filósofos, tan sólo de Hume y su pandilla?

Observation: macia: suave al tacto, sin asperezas, blanda, agradable.


"Delennn play, delennn".....


REINVENTO - Estrela Ruiz e Ceumar


não querer ser sempre
para pra sempre ser
isso eu aprendi com o vento


saudade eu tenho de tudo
o que a gente vai viver
mas ainda não teve tempo


tudo o que é leve
o vento leva
eu quero aprender um jeito
de reinventar
tristeza ou certeza
de qualquer jeito o vento vai levar
na brisa do mar
no sopro da vela
ao se apagar


viernes, 30 de octubre de 2009

Desde o pais do Carnaval I: Presentación de Suely

Carta a mis discípulos del día 20 de Agosto del 2009:


Perdonen los errores gramaticales, ortográficos, horticultores, etc...
Estoy escribiendo esto por segunda vez y a punto de quedarme sin batería. Dado que, un dúo de boludos como es difícil de hallar, desconectó un cable. Había escrito sobre la "dona do pensionato" en el que vivo, Suely. Gracias a esta argentina insolente, ahora es más conocida como Suína (en portugués, porcina). La descripción fisonómica que hacía de ella era más o menos como sigue: de unos 60 años, teñida de rubio, gorda de patas flacas, siempre amortajada por ropa preferentemente deportiva y una cara de loca de la guerra sin igual. ¡Ay Suely!, ¿que sería da minha vida aqui sem você? Todas las mañanas al levantarme ella me intercepta en la cocina y con los brazos abiertos deja caer su humanidad sobre mí al grito de: "ANA MEU AMOR, COMO VAI?". Le siguen después las carcajadas; los chistes en doble y hasta triple sentido; los duetos y tríos corales con las mulatas que la ayudan en las tareas domésticas, ¿cuál cantará peor? that is the question; las conversaciones y regaños a sus perros maricones. Pero, sobre todo, no pueden faltar las anécdotas, ningún visitante puede irse de la casa sin escuchar al menos una del frondoso manojo cosechado a lo largo de tan agitada vida. De cuando persiguió al ladrón al que le faltaba una pierna con un rifle falso (acá se dice espingarde do juvinho); de cuando su marido dio pensión a un sujeto sin documentos que resultó ser un fugitivo de una penintenciaria aledaña en la que había terminado por asesinato; de cuando explotó la cocina de la rotiseria que tenía, y terminaron ella y sus empleadas quemadas y en vez de hacer algo para salvar el pellejo se pusieron a charlar hasta que aparecieron los bomberos (muy buenmozos por cierto); de cuando iba a los karaokes con sus empleadas y las inquilinas y volvían beodas a la madrugada; de cuando casi se muere de un tumor en el hígado, de un problema en la hipófisis, de una suba de presión, de un derrame que la dejó durante un par de meses con la mitad de la cara caída, de una hiperhidrosis de no sé qué cosa, de una caída desde el segundo piso que amenazaba con ser mortal pero no lo fue, de cuando casi los hijos se mueren...


Estamos organizando para ir en "turma" a un barzinho y llevarla a ella y a sus mulatas inseparables. Suely ya comenzó con los ensayos. Prepara su voz cantando el ave maría en al almuerzo, (sólo Dios sabe lo feo que canta), temas melosos de Roberto Carlos mientras cocina y tortura las masas. Va a clases de axé, samba y pilates y yo tengo el honor de ser espectadora de lujo de sus contorsiones y revolcadas semi-accidentadas varias, subidas y bajadas de paños menores que resultan de esos movimientos.


El capítulo de Suely no está cerrado, es que, ella es la reencarnación de la mismísima Pandora. Sin ir más lejos, me enteré ayer que es ingeniera agrónoma y que trabajó en la producción de alcohol a partir de la caña de azúcar. Tanta azúcar le dio diabetes, y tanto alcohol... nos permite entender el porqué de su conducta. Todo un personaje. Es el carnaval hecho carne.


En algún momento escribiré sobre el resto de las creaturas de la pensión. No os desespereis.


Até mais