miércoles, 11 de noviembre de 2009

Desde o país do carnaval III y IV: Suely recargada

Carta a mis discípulos del 23 de Agosto:


El impensado éxito de la primera entrega no me deja otra opción que continuar con las semblanzas de los especímenes que aquí me rodean. Pero antes, me gustaría ampliar al menos un ápice, la "cuestión Suely". Quedaron en el tintero (más apropiado al caso sería en los bits no utlizados), algunos de los siniestros y afecciones de su prole. Faltó destacar la vez que su hijo mayor se tiró un portón de hierro encima y terminó con una fractura de cráneo, también la ocasión que ese mismo "poverello" enfermó y curó de cáncer de intestino, la oportunidad en dónde casi queda ciego por causa de un huevo de Tenia que se le instaló cerca del nervio óptico, "¡y eso que nunca en su vida había comido carne de porco!", y se me había olvidado lo más importante: la vez que el mismo infortunado "quase fica" eunuco por un derrame testicular (¡cuántos derrames en esta casta!)


¿Mencioné a los padres de Suely? No hay que pasarlos por alto, ni la dinastía de los Labdácidas (Edipo y cía.) arrastró tantas desgracias como esta familia del subdesarrollo latinoamericano. Es así como, la Reina Madre, cuyo nombre no me acuerdo, también sufrió de...¿adivinan? ¡sí!, DERRAME,  pero por suerte sólo cerebral, no de concha. En fin, un poco de vulgaridad nunca viene mal. Gracias a su hija que cuidó de ella con devoción, pudo en unos cuántos meses volver a caminar, pero el sino trágico volvería a llamar a la puerta: al tercer paso la señora se tropezó y.... sí, ya se lo imaginaran, se fracturó el cráneo, pero sobrevivió, medio tonta, pero sobrevivió. Después se murió "de sólo estar" nomás. El marido falleció a los pocos días, sumido en la más honda tristeza. Hasta antes del derrame, todavía paseaban en un auto descapotable, él de sombrero y ambo de lino blanco, ella de pañuelo y anteojos oscuros, cual Isadora Duncan pero sin tan desgraciada suerte. Hubiera sido bueno conocerlos, permitiría entender un poco más cómo devino de ellos ese engendro tan peculiar que hoy nos convoca a la reflexión. Suely dice siempre que heredó de sus padres dos cosas: todas las enfermedades y desgracias, y la capacidad de sentirse enamorada de la misma persona después de más de 30 años. El amor por su Jurandir (sí, así se llama la pobre creatura que hace las veces de esposo) es inextinguible, todavía siente el "meteoro da paixão" como si tuvieran 15 años, hasta el punto en que los mozos de los restaurantes piensan que es la amante y no la esposa. Ya me la imagino, pintarrajeada y acicalada cual canario chuschado, besuqueando sin respiro al noble Jurandir, que también tiene, según entiendo, cierta afición por las aves, ya que la tintura de su cabellera se aproxima demasiado a las tonalidades de una cabeza de cardenal.


Bueno, querida audiencia, éso es todo por hoy. Espero haber estado a la altura de lo esperado, lamento que tal vez no haya tenido el vuelo literario de la inspiración primera que otrora me llevara a asaltar con voracidad el teclado.






¡Prometo más!


Nos vemos


Obs. del 12 de Noviembre: hace pocos días tuve la oportunidad de adentrarme más aún en la intimidad de la flia. suelística y terminé sabiendo que el "meteoro da paixão" era más fake que otra cosa, es que, nuestra musa toma, junto con otras 21 pastillas, una específica para la tesão, o sea,  para la calentura.






Carta a mis discípulos del 6 de Septiembre:


Justo cuando comenzaba a desilusionarme creyendo que ya estaba todo dicho, que no podía añadir una nueva palabra, verso o sentencia a mi relato, volví a beber de los dulces néctares de la locura "suelística". Elixir de la mundanidad y chabacaneria; ambrosía del Olimpo en donde los dioses Cacho Castaña y Pocho la Pantera ejercen su dominio; panacea de la que bebió, en caliz de plástico multicolor, mi Tía Loquita.


Hoy les ofrezco, aunque peque de soberbia al hacerlo, lo que podría darse a llamar "categorías fundamentales de la cosmovisión de Suely", en otras palabras, cómo este ser, que no deja de excitar mi perplejidad, clasifica, rotula y ordena el mundo. Su mundo, por supuesto.


Suely siempre dice que el racismo no es una característica que le pertenezca. Ella "no tiene nada contra" los orientales, pero en cuanto los japoneses con quienes tengo la dicha de morar están lo suficientemente apartados como para no escuchar sus exclamaciones, ella grita: "pero NO me gustan, para nada". Peor aún es la contradicción a la que arriba si de negros se trata. Con los negros tampoco "tiene nada", a menos que ese "tener" signifique ser-patrona-de. Ahora bien, hete aquí que el verbo posesivo un desdichado día, pasó a tener otras implicancias, es que, su hijo menor, su amorzinho, seu caçula, le apareció con una garota, de dientes demasiado blancos o, lo que es lo mismo, de piel demasiado negra. Sí, Suely se había convertido en suegra de una morenaza, ahora sí "tenía algo con" los negros: un vínculo familiar con una ejemplar de "ellos". Lo triste de la historia es cómo ella había apodado a la nueva adquisición. La menina era "del color del microondas", entonces en vez de poseer un nombre como todo el mundo, pasó a ser "menina color de microondas" y finalmente "menina microondas". Nuestra heroína, como buena madre, soportó estoica el embate propiciado por su hijo, y a pesar de casi no poder aguantar tanto atropello a la moral y buenas costumbres, engullió sus lamentos y oprobios hasta que su vástago recuperó la cordura y abandonó a la muchacha color onyx (o de BGH en este caso).


Ése fue sólo un ejemplo de la capacidad de clasificar el mundo a la usanza de Suely, en esta entrega no puedo extenderme más sobre este asunto, simplemente es mi voluntad dejar esbozado lo que será parte de la próxima: sus clasificaciones aplicadas a mi vida amorosa. Siendo más específica, la próxima trataré sobre el menino que ella considera "ideal" para que yo "tenga algo con".


Para terminar por esta vez, no me gustaría dejar en el olvido los nombres de sus cachorros histéricos: Melão y Pingo. No se diga nada más.


Será hasta más ver!






P.D: Para los que no saben mi tía Loquita, era la Reina del Kitsch en mi familia.


P.d 2: Para meus torcedores brasileiros: Pingo em Tucumán é sinônimo de pau no seu sentido mais vulgar.

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