martes, 26 de octubre de 2010

Censo y no senso *

Ayer tuve la mala suerte de escuchar ridiculeces del tipo "no voy a decir si tengo heladera", "priorizo mi seguridad, ni atiendo el timbre", "si no me dan nada a cambio, ¿para qué?", "no voy a ser cómplice de los 'k'", "no voy a atender porque no quiero decir qué auto tengo" (como si los vecinos no lo supieran, y dicho sea de paso, no recuerdo si es ésa una de las preguntas del censo) y demás frases de mentalidades brutitas y mercachifles del sempiterno medio-pelo arrrgentino**. Podrán acumular toda la guita del mundo, pero una suricata les daría clases magistrales de civismo.  
¿Cuál será la estructura mental de estas gentes, si es que son posibles de ser categorizadas como tales, es decir, como seres racionales?; ¿en qué sendero de ideas,  imágenes y representaciones estarán inmersos sus pensamientos?; ¿será que pueden "ver" a Cristina Fernández y colaboradores haciendo una lista con todos los bienes que tiene cada ciudadano, para después pagarle a barrabravas y miembros de la mafia sindical para que entren a asaltar SUS casas?; ¿será que la sra.burguesitataradabydefinition piensa que Alperovich tiene una base de datos en la que aparece la dirección de ella junto con el detalle de los electrodomésticos comprados en los últimos años y la descripción del último vibrador que usó en su fiel esposo para constatar que éste no tenía problemas en la próstata?; ¿seremos tan pero tan ridículos los argentinos?
No es una cuestión de clase económica, es una cuestión de mentalidad. Lamentablemente, hay muchos entre nosotros que piensan que van a mejorar y refinar su "cultura" mejorando sus ingresos. Son los mismos que se acuartelarían abrazados a su nuevo lavarropas y lamerían botas tiranas si sienten la más ligera brisa de amenaza a la propiedad de la garantía de la licuadora. Son los mismos que incurren en  incongruencias tales como salir a la calle vociferando supuestamente a favor de los derechos de un conglomerado de células que todavía ni tiene sistema nervioso como para sentir y que después piden a viva voz el gatillo fácil, el tiro en la cabeza al pibe chorro aunque ni siquiera se escuchan sus voces para denunciar a la pedofilia  o a los narcos del paco. Y, paradójicamente, son los mismos que quieren boicotear el censo , son los mismos que no quieren colaborar con que se sepa cuántos niños hay en la Argentina y cómo viven.  Son las mismas tilingas que van a clínicas privadas a hacerse ligaduras de trompas y después dicen que no quieren que con sus impuestos (como si fueran sólo suyos, como si los pobres no pagaran I.V.A) el sistema público se haga cargo de repartir anticonceptivos y brindar educación sexual en los barrios pobres. Son los mismos incapaces de hacer absolutamente nada por la ampliación de derechos civiles si el reconocimiento de tales derechos no los afecta en forma positiva directamente. Son los mismos  que quieren a sus allegados no por las personas que son, sino por el rédito económico con el que pueden beneficiarse a través de las relaciones que establezcan con ellos pero que se encargan de publicar por todo lo alto la intensidad y lo genuino de su afecto. Son los mismos que son cómplices de la prostitución para después golpearse el pecho en los templos. Son los mismos que adoran el uniforme del déspota, la disciplina, la sotana y a escondidas las medias en red en la esquina, la coima y el vibrador. Son los mismos que votarían a Bussi, a Patti o incluso a los mismos  K si les ofrecieran guita pero que hoy los defenestran. Y son los mismos que salen a manifestarse sólo cuando les tocan el bolsillo o cuando no quieren que sus derechos sean también los de otros (como el caso de la educ. sexual), de nuevo, porque les tocan el bolsillo. Son los mismos que no quieren abrirle la puerta a un docente que los va a censar porque obvio, tienen miedo de que les toque la conciencia, o sea, el camino que va y vuelve desde el cerebro (o el símil que tengan) al bolsillo.
Es nuestro medio pelo. ¡Que no sea nuestro medio!

* Senso: sentido en algunas lenguas latinas como el portugués y el italiano
** Si estuviéramos hablando de gente totalmente apática a todo lo que sea relativo a la realidad política, social y económica, que no enarbolara banderas ni hiciera campaña de ningún tipo, no sería tanto problema. El quid de la cuestión radica en que esas personas son las que salen antes que nadie a la calle a cacerolear y a quejarse de los gobiernos de turno siendo incapaces de mirarse el pupo y darse cuenta de que si estamos como estamos, y tenemos los gobiernos que tenemos es porque el Estado somos todos. Es porque somos como somos.

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