martes, 12 de abril de 2011

Pequeños arreglos de la vida cotidiana

Todos hemos tenido alguna vez esos instantes más que fugaces en los que la neurona se conecta y nos sentimos McGyver arreglando algún adminículo que de repente deja de responder a nuestras demandas. Atar una sandalia rota con una gomilla para no llegar descalza a un velorio (como  hizo mi amiga Bits el otro día con mi calzado ) , pegarle al fierrito ése que está dentro del horno (¿el termostato será?) con una cuchara de madera mientras sostenemos la base de la cocina con una espátula para que no se nos apague ( ya sé, no entienden ni un catso, pero la única forma de que me entiendan es viniendo a conocer el horno de mi casa), meter un clip de oficina por el agujerito de la lectora de CD para que se abra y deje de trastornarnos el ruido a "ya voy, ya arranco", el golpecito de rigor al control remoto o a la T.V para que el primero comience a "funcar" de nuevo y la otra de súbito permita ver el Canal Utilísima sin rayas, inventar un nuevo modo de limpiar los zócalos en las esquinitas, descubrir los diferentes usos del cepillo de dientes (por supuesto, no solo en los dientes), limpiarse las zonas bajas en un baño público sin papel y cosas por el estilo son algunos de los pocos ejemplos que se me ocurren en esta noche de creatividad cero. Miro hacia atrás y me doy cuenta de que escribí una oración como de 10 renglones y no sé cómo arreglarla. Tampoco sé como arreglar la nulidad mental en la que me encuentro últimamente. 
¡Qué suerte que uno se sienta tan gloriosamente inteligente por solucionar esos pequeñísimos obstáculos que le salen al paso a cada momento! Porque si no tuviéramos esos momentos en los que nos creemos los más útiles y verdaderamente doble sapiens, ¿qué sería de nuestra vida al reconocernos impotentes ante absolutamente toda dificultad? Por lo menos ahora tenemos el horno, las sandalias y el pantalón que se nos cae y lo enganchamos con una traba pero, ¿si todo perteneciera al ámbito de lo que no se engancha,  de lo que verdaderamente estruja el alma, de lo que no se arregla? 

Bienaventurados los que tienen pequeñas cosas que arreglar todos los días, porque de ellos será una vida con menos angustias.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Después quiero que me cuenten bien esa historia de la sandalia...con lujos y detalles!

Cucú dijo...

estimadx anonimx: no tengo problemas en hacer famosa a la genialidad de mi amiga bitmanía, pero decime quién sos así sepa a quien debo contarle! Gracias por pasar!!!

Carol dijo...

genial blog...a mis favoritos!

Cucú dijo...

Gracias Carol!